9 de octubre de 2026
Por Txema Cancio
Campañas de desinformación con IA: prohibirlas no basta
Anthropic publicó el 8 de octubre la revisión anual de sus normas de uso, que entra en vigor el 12 de noviembre. La mayor parte de los cambios aclara reglas que ya existían. Uno de ellos toca de lleno a quien trabaja en reputación: la empresa reúne en un solo apartado lo que antes tenía repartido entre elecciones, fraude, privacidad y desinformación. Queda prohibido usar sus modelos para ocultar quién está detrás de un mensaje, para amplificarlo con cuentas o publicaciones falsas y para construir las herramientas con las que se montan esas campañas. Vale igual para el engaño político que para el comercial.
No es una prohibición teórica. La propia empresa cuenta que ha visto a medios estatales, oficinas de propaganda y empresas privadas usar su modelo para manejar redes de cuentas falsas y webs de noticias inventadas.
Me parece una medida correcta y necesaria. También creo que no es, ni de lejos, suficiente, y que una organización que se sienta más protegida por ella se equivoca.
Quien ataca no pide permiso
Una norma de uso obliga a quien usa los servicios de quien la escribe. Sirve para que una empresa seria no preste su tecnología a estas campañas, y eso ya es algo: les cierra la puerta más cómoda.
Pero quien se dedica a esto no depende de esa puerta. Hay modelos abiertos que cualquiera puede descargar e instalar en sus propias máquinas, y hay versiones de esos modelos a las que alguien ha quitado los límites de fábrica; en el sector se les llama «abliterated». No tienen condiciones de uso que cumplir ni nadie que mire lo que se les pide. Con ellos se puede hacer el mismo daño que con un modelo comercial, o más.
Por eso la norma ordena el comportamiento de quien ya pensaba cumplirla. Al que ha decidido atacar le cambia la herramienta, no la intención.
Lo que ha cambiado, y lo que no
He visto campañas de desinformación y de desprestigio desde que se hacían a mano o con programas muy básicos. Después llegaron otras más elaboradas, con edición de fotografía y de vídeo y con redactores subcontratados, en Asia para el inglés y en Latinoamérica para el español. Hacían falta personas, coordinación y presupuesto, y eso limitaba quién podía encargarlas y contra quién compensaba hacerlo.
La técnica de fondo es la misma de entonces. Lo que ha cambiado es que hoy está al alcance de muchos, cuesta menos y, sobre todo, se puede automatizar. En seguridad informática hay una comparación que lo explica bien. Un ataque de denegación de servicio, un DoS, satura un servidor desde una sola máquina: molesta, pero se localiza y se corta. Un DDoS hace lo mismo desde miles de máquinas a la vez, y ya no hay un origen que cerrar. Con las campañas de desinformación ha pasado eso: del DoS al DDoS.
La consecuencia es incómoda. Destruir una reputación siempre ha sido más fácil y más barato que construirla, y ahora lo es todavía más. Ya no hace falta ser un gran objetivo para que a alguien le compense.
Qué puede hacer una organización
Lo primero es analizar su entorno y vigilar todo su ecosistema digital: qué se dice, dónde, quién lo mueve y desde cuándo. Con balizas y sonares que avisen cuando algo se mueve, antes de que llegue a la primera página de un buscador o a la respuesta de un asistente. Es el trabajo que hacemos en Kuantia.
Lo segundo importa mucho más, y es lo que menos se hace: entrenar a los equipos de comunicación para actuar y para decidir. Saber que algo ocurre no sirve si nadie sabe qué hacer con ello, quién decide y en cuánto tiempo.
El peor error en comunicación es no comunicar. De forma directa o indirecta, pero hay que estar. Quien cede el espacio a otros lo pierde, y con él pierde su voz y su peso en el mensaje. Recuperarlo después cuesta mucho más que haberlo ocupado a tiempo.
Antes, no durante
La solución no está en las normas de los fabricantes, aunque hagan bien en escribirlas. Está en desintoxicar el propio horizonte digital y en llegar preparado a una crisis de reputación: con el entorno vigilado, con el equipo entrenado y con las decisiones pensadas de antemano.
En ese marco trabajamos con nuestros clientes. Si vis pacem, para bellum.
La fuente enlazada se consultó el 9 de octubre de 2026.